12 enero 2007

Que fue primero; ¿El Rock o la estrellitis?

Y sigo con mi penitencia. Ya son seis los días sin whisky y el sindróme de abstinencia se presenta disfrazado de poltergeist. Solamente las cablevisiones de mi moderno aleph borgiano y el gran dominio que he adquirido del control remoto, permiten mantenerme con un ojo en la realidad, en tanto con el otro pastoreo los rosados elefantes voladores, que afortunadamente padecen de crónico y agudo extreñimiento. Saciada mis necesidades primarias de reggeton (asi se escribirá?), del excelso pronunciamiento que de la lengua española hacen esos morenazos, y pensativo que me dejaron la profundidad letrística y temática de dichas rolas; reorienté hacia Tebas mi control remoto y tras media docena de clicks la Esfinge me develó otra evidente verdad importantisima para la comprensión de este nuestro pais; y como dicen los políticos; "lo evidente es lo más dificil de entender ", y los religiosos acertadamente declaran; "lo evidente es lo más dificil de creer" Durante mucho tiempo nuestros rupestres "rocanrrolleros" han presumido las influencias de Tin Tan, de Piporro, de Cantinflas . Desde los mismos malditos de quinto patio con todo y sus padres pachucos bailadores de mambo; las rústicas huestes de San Saúl Hernández que terminan sus liturgias cantando a Juan Gabriel; los mientamadres de Molotov y su voto latino; los "chun ta ta ritos" style que se escuchan mejor Gran demente Silenciados, hasta los marianos ingratos del Tacvba Coffe con todo y sus chicas banda de Tzin Tzun Tzan. Todos sufren delirios, el llamado síndrome del Rockstar. Todos ellos se creen los inventores del rock. La Esfinge me mostró la imagen y me habló en stereo; Antonio Badú enamoraba a la gringuita a ritmo de rock & buggie con la rola El Muchacho del Acordeón. En uno de los acercamientos me llamó la atención la apariencia de la banda; un cuarteto. Por lo prendido del ritmo pense en The Kinks de Ray Davies, pero cuando se centró la imagen en el bajista, apareció un tipo con una larga cabellera, peinada para esa época seguramente con el jugo de más de diez limones, para dar ese fashion de rabo de cebolla. Dudé entre Bowie y Kiss, ya que amén del cabello el tipo aparecia con el rostro pintado, muy al estilo de los códices de acámbaro Tenochtitlan mero. Y bién, me queda claro que los creadores del Kitchrock o Guacarock, como posteriormente lo rebautizarían los Botellos de Jerez, es esa banda que participa en el filme mexica de 1950; Mi Preferida, -donde entre los actores que recuerdo aparecen el susodicho Badú, Fernando Soto "Mantequilla" y Sara García- Los Xochimilcas es el nombre del rebelde y cotestatario grupo que imprimió un sello étnico a lo que el mundo posteriormente llamaría Rock. Amigos y amigas (disculpad el anacronísmo foxiano) el magister del rey camaleón, y de los Glam de Kiss es mexicano, descendiente del mismo Nezahualcoyotl, el bajísta olvidado de Los Xochimilcas; alabado sea el Glostora!
"Glostora era una marca de crema para peinar en esos tiempos en que la vaselina dominaba el mundo de la moda masculina y en ese tenor se convirtió en un mote para uno de los personajes del grupo los Xochimilcas que no se distinguía por su buen peinado. Los Xochimilcas fue un grupo musical que desde hace muchos años salió del escenario; grupo de excelentes músicos que tocaban música popular, principalmente tropical, con cierto grado de humor, su vestuario al menos representaba una caricatura de la indiada mexicana, vestidos a la usanza antigua de calzón y camisa blancos. Mientras interpretaban alguna pieza no dejaban de hacer payasadas. Las figuras principales era el trompetista que portaba un sombrero de ala ancha al estilo charro, semejando un mariachi y el famoso Glostora, contrabajista él de mirada perdida y ocurrentes puntadas que se afanaba por realizar piruetas con un contrabajo, El humor era la tónica a susextraordinarias interpretaciones que hacían de la comedia su carta de presentación. (El Cabuche ; Crónicas de la Facultad de Ciencias; El Hijo de El Cronopio No. 267/526)
Sin duda en esta covalecencia del fin del 2006, el conocimiento se posa en mis hemisferios cerebrales causando telúricos movimientos en las dos neuronas que aún logran interconectarse entre los estragos del germánico Alzhaimer.
A decir verdad, el rock es un invento del movimiento Dada-surrealista-kitch mexicano. Y entre Los Xochimilcas y Eulalio González "Piporro" y Tin Tan descubrieron el ritmo del que mas tarde se apropiaría Nashville con "la Pelvis" Presley, y del que tanto presume el puerto inglés de obreros miserables Liverpool.
Pero ya ni llorar es bueno, como dice el economísta, filozoofo y guadalupano poblano Alex Lora
...Y que viva el rocanrrol!
******************************************************************* Postdatota: surfenado por Cyberia, al mejor Beach Boy Style, encontréme con un artículo escrito en Milenio Semanal por el gurú de los músicos en desgracia o de los rocanrrolleros senéctos (No por que sean seguidores de Séneca, sino por sufrir los estragos del maldoso de Crónos); el tal Jaime Almeida, su artículo que me parece interesante, por el tono irónico empleado, y es complementario del desmadre expresado líneas arriba, va:


En el Origen Fueron Los Xochimilcas No cabe duda de que en los años 60 existieron personajes extraordinarios que, con sus propuestas visionarias, detonaron cambios culturales y anticiparon la llegada de lo que hoy es nuestro presente. Entre todas las artes, la música fue durante los sesenta el medio perfecto para comunicar ideas, emociones, frustraciones, anhelos, temores y vivencias a una juventud que comenzaba a ser reconocida como una fuerza social de tremendo vigor. Los artistas de la música no sólo impactaron a través del sonido sino que también lo hicieron por medio de actitudes y cuestionamientos que pusieron a prueba los valores que, hasta ese momento, habían sido las reglas del juego social. Muchas ofertas musicales se pusieron a prueba. Algunas tuvieron efectos inmediatos, otras desaparecieron, y otras más necesitaron de la acción del tiempo para manifestar su valor y contundencia. Hoy, a más de 40 años de distancia, es necesario destacar la aportación hecha por un cuarteto fuera de serie. Hay que revalorar la labor de un grupo que se adelantó a su momento y, como suele suceder en estos casos, padeció la crítica de quienes no fueron capaces de comprender la profundidad de su exuberante talento. Pero el tiempo se ha encargado de poner las cosas en su lugar. Abundan evidencias fehacientes de que esos cuatro artistas legendarios son ahora el modelo que sigue una gran porción de nuestra población. Basta mencionar algunas de sus aportaciones, tanto en la música como en otras áreas, para situar el asunto en clara perspectiva; porque ellos fueron:

—De los primeros que fusionaron el rock and roll con otros géneros populares.
—Los adalides que se olvidaron del copete y se peinaron hacia abajo.
—Pioneros en la inclusión de trompeta y otros instrumentos ajenos al rock.
—Anticipados al uso de indumentarias estrafalarias sobre el escenario.
—Críticos mordaces de la sociedad, en una atmósfera de parodia y exotismo.
—Los que definieron roles y arquetipos que hoy están clonados en miles de personas.
Y por si esto fuera poco, hay que decir que este trascendental cuarteto musical no surgió en Europa. Fue mexicano. Su nombre: Los Xochimilcas.
Comprendo que para las generaciones más recientes el grupo de Los Xochimilcas es más que desconocido. Qué pena. Estos jóvenes andan por la vida creyendo que Los Beatles inventaron el peinado de trapeador, sin saber que el cuarteto mexicano ya lucía ese corte desde finales de los cincuenta, habiendo tenido como inspiración a los indios tepujas. Esos mismos chavos creen que la trompeta entró al rock con bandas como Chicago o Blood, Sweat and Tears sin tomar en cuenta canciones como "Rock Rollin’ Rock" o "Xochimilca’s Rock", que el grupo mexicano grabó desde principios de los sesenta luciendo el metal como los meros buenos.

Y más aún. Ahora, en tiempos del Mundial, hay muchos convencidos de que la última moda del aficionado futbolero consiste en vestirse con camiseta, dejarse crecer la panza, y ponerse un picudo sombrerote zacapoaxtla con la leyenda de "Viva México Ca…". Para comprobarlo basta con ver las graderías de los estadios en cualquier partido de la selección. A esos aficionados les digo que ésta era la moda que lucían Los Xochimilcas desde hace cuarenta años en el Blanquita y en otros escenarios clásicos. Sí, por fin el tiempo da la razón a Los Xochimilcas al demostrar que su estrambótica indumentaria era profética, y tenía como destino representar a México ante el mundo del tercer milenio. Pero la creatividad visionaria del conjunto alcanzó la cima más alta en su
propuesta musical. Su concepto puede definirse con una sola palabra: Fusión. Los Xochimilcas crearon su música con la más singular dotación instrumental: Bajo, batería, acordeón y trompeta. Esta combinación de instrumentos, utilizada con habilidad e ingenio, hizo posible que el grupo interpretara los géneros más diversos en un incontenible hervidero rítmico. En sus actuaciones, el público podía elegir entre bailar o dedicarse a gozar escuchando las divertidas letras de las canciones. Yo recuerdo haber asistido a una presentación de Los Xochimilcas en Coyoacán en la que los asistentes no paraban de reír con temas clásicos como: "Que se mueran los feos", "La banda borracha", "Saca la botella", "Domitila" y la sorprendente "Chilorius" que era el cover de "She loves you" en una versión picante y chistosa. Esta faceta los colocaba dentro de la categoría de Cómicos musicales o Excéntricos musicales, junto a Tin Tan y Marcelo, Viruta y Capulina o Kiko y Karlo. Sin embargo, esta clasificación se quedó corta porque no tomaba en cuenta trabajos más serios como "Los danzones de Lara", "Pulque para dos", "Rigoletito", "El cable", "El baile del sillón" o "La bala", en los que la música era un auténtico agasajo para darle vuelo a la hilacha con toda la propiedad del caso.
Su personalidad sonora se basaba en los contrastes. Los ejecutantes no podían ser más opuestos. En la batería estaba un gordo macho y bigotón excedido de adrenalina que golpeaba tambores y platillos como poseído. El bajo lo tocaba un flaco vestido de manta que representaba a un indio ladino lleno de picardía. Otro flaco tocaba el acordeón. Cabe decir que en aquellos años el acordeón no era tan popular y apreciado como lo es ahora. Entonces se le identificaba como "el piano del pobre". Quién iba a decir que cuarenta años después el público llevaría al instrumento hasta los primeros lugares con el vallenato, el grupero y el norteño. También en este aspecto Los Xochimilcas se anticiparon y abrieron el camino para el sonido urbano de hoy. Por su parte otro gordo, el de la trompeta, coronaba su
look de vanguardia con el gran sombrero de paja. Entonces provocaba mucha risa. Ahora, esta prenda motiva sentimientos patrióticos y, en muchos casos, es también clara señal de que ahí donde se porta hay pachanga y despapaye. Sin embargo, la combinación de los cuatro instrumentos reveló tener una versatilidad fuera de serie. Con el acordeón sonaban perfecto la cumbia, el chachachá, el merengue y todo lo tropical. La trompeta daba vida a los danzones y a las rancheras. Con la batería entraba el rock and roll, el jazz, el boogie boogie, y el bajo acentuaba los blues y swings. Es difícil imaginar que en aquellos sesenta pudiera haber existido otro grupo tan rico en posibilidades. Tal vez se podría pensar musicalmente en Mike Laure y sus Cometas, pero Laure no tenía la presencia escénica ni la comicidad de Los Xochimilcas. Si nos fijamos solamente en su desempeño físico sobre el escenario podemos estar hablando de una troupé de comediantes al estilo de los Hermanos Marx, pero de petatiux. Las rutinas de El Gordo y El Flaco les quedaban guangas porque en el conjunto se duplicaba la dosis: Eran dos gordos y dos flacos. El acordeonista siempre aparentaba estar de mal humor. Era el patiño. El straight man. Una especie de Shilinsky ante Manolín: La eterna víctima de las travesuras del personaje tragicómico. El baterista, siempre anclado por su instrumento, desbordaba energía y con frecuencia estaba del lado del personaje travieso. Por su parte, el trompetista era el típico genio musical: Muy inspirado pero también muy distraído. El peso de la comicidad estaba a cargo del bajista. Este personaje era del planeta de Régulo y Madaleno pero con una diferencia notable y distintiva: era gay. Sí, también en esta faceta Los Xochimilcas se adelantaron a su tiempo. Ahora ya no llama la atención ver que en las compañías de comedia sea constante la presencia de algún actor que hace el papel de un gay. De hecho, el personaje gay es actualmente el ingrediente indispensable de muchas series y comedias de gran éxito y popularidad. Pero allá en los sesenta la cosa era distinta.
Llámele ignorancia. Llámele discriminación o incorrección política. El hecho es que el bajista del grupo provocaba toda clase de reacciones en un público que no estaba acostumbrado a ver sobre el escenario un personaje así. Esta postura artística tuvo que estar llena de valentía si tomamos en cuenta que el bajista no era gay en la vida real. Yo conocí a su familia y fui amigo de uno de sus hijos al que no le gustaba decir que su papá era "ése" de Los Xochimilcas. Ahora debe andar orondo al pensar que su padre fue pionero dentro de esta línea de caracterización. Ante todo esto no queda más que reconocer la necesidad de ir pensando en un gran homenaje a Los Xochimilcas. Yo no llegaría al extremo de pensar para ellos un monumento en la Avenida Reforma o en un lugar dentro de la Ilustre Rotonda. Pero sí creo que tampoco podemos dejarlos en el olvido. Su influencia es demasiado evidente y real como para ignorarla.
Ahora, cada vez que usted escuche la radio o vea los canales musicales de televisión, tendrá que reconocer que hoy casi toda la música popular de México es descendiente directa de las fusiones propuestas por Los Xochimilcas. La próxima vez que salga a la calle, al llegar a una esquina concurrida, al observar una parada de microbús, al asistir a un espectáculo masivo, al ver el canal de televisión del Congreso, o al presenciar un mitin político fíjese bien, porque ahí verá a Los Xochimilcas que se han multiplicado como clones por todo el país y hasta han emigrado a países vecinos. Ya lo dijo el que lo dijo al decir: "El pueblo no tiene lo que se merece. Tiene lo que se le parece". Nosotros mereceríamos ser como Brad Pitt. Pero nos parecemos más a Los Xochimilcas. Así es la vida. Tal vez en este momento, picado por la curiosidad, algún lector estará pensando entrar a internet para bajar más datos del influyente cuarteto. No lo haga. No pierda su tiempo. Llevo meses intentando reunir la información más elemental sobre el grupo y nada aparece. He hablado con amigos, expertos en la materia, y nada. Es una tristeza. Hay una deuda de justicia con Los Xochimilcas. Es impostergable el rescate de esta parte de nuestra memoria cultural, pues si dejamos que se pierda para siempre ya nadie podrá explicar cómo llegamos al nivel en el que ahora estamos. (Fuente: MILENIO SEMANAL)


Wey, después de leerlo, creo firmaré lo expresado por mi como: ErosGod_Almeida o le exigiré que su artículo lo firme como Axel Almeida.
Las ilustraciones de Elvis y los comicos mexicanos son autoria del Sr. Horacio Sandoval, quien amén de trabajar duro y fuerte en la nueva versión comic de Blue Demon Jr y en el creativo Kaboom, tambien le hace a esto de los blogs; visítenlo en http://lahoachicueva.blogspot.com/
Y para conozcan a The Xochimilcas y gran versión a She loves you, ahí les va el siguiente negligeé y liguero:

03 enero 2007

La mentira sospechosa...

Sobreviví! Un año más y aún los excesos no terminan conmigo.
Ni hablar continuaré con mi labor de sacrificio, comiendo y bebiendo para que otros más se salven de padecer los daños producidos por el exceso.
E inicié este glorioso dos de enero descubriendo el engaño del que seguimos siendo víctimas por parte del imperialísmo yanquee. Nos hemos tragado muchas mentiras, y en la gran mayoría carecemos de pruebas contundentes para establecer la verdad histórica.
Sin embargo, en la que descubrí hoy mismo, existe la susficiente documentación filmica para establecer plenamente la verdad.
Resulta que los perversos gringos en su afán de dominar al mundo cristiano y árabe, no solamente nos han engañado con el cuento de que las hamburguesas del payasito pederásta y el pollo del coronel son nutrientes esenciales para mantener un cuerpo sano y un espíritu democratico; sino que vislumbrando el despertar del gigante oriental y la invasión de manufacturas taiwanesas, nos hicieron creer que los sueños de Julio Verne eran realidad, y al igual que el ilusionísta Georges Melies, montaron un gran escenario para divulgar la gran mentira; en 1969 el Apolo XI había llegado a la luna y el señor Armstrong habría dado un gran paso para la humanidad occidental y demócrata, claro. Pero no fue así, esta mañana me despertaron los primeros rayos solares del medio día y tras haberme tomado un par de vasos de agua mineral (esta vez sin whisky, que conste), realicé el acostumbrado ritual, convoqué a los espiritus del poniente, alargué el brazo, hice click y la señal se hizo! Y he aqui que las ondas aclaratorias de mi oráculo de Delfos se detuvieron súbitamente mostrándome la verdad.
Ahí ante mis ojos se materializaron humanas imágenes que una a una desvanecían las vendas de mis ojos. Asombrado me senté sobre la cama, restregué mis ojos un par de veces, ya que como bien decía Platón (el padre de la gastronomía y primer filozoofo gourmet) la verdad deslumbra. Fueron mexicanos los primeros en llegar a la luna y nueve años antes de que los gringos armaran su show.
No fue la Nasa, sino Producciones Sotomayor; no fue Gene Krantz, fue Rogelio A. Gonzalez. No fue Neil Armstrong, fue Bartolo (Antonio Espino Clavillazo); no fue Aldrin sino una mujer!, sí, la mismísima Estelita (Ana Luisa Pelufo) y no fue gracias a Von Braun, sino a Don Abundio (Andrés Soler). Asi fue, se los juro por Dior.
El famélico Bartolo, en tanto pensaba en tacos de carnitas y frijoles refritos, reclamaba para México la posesión y potestad del satélite natural. Y más aún, descubren el maligno plan de unos antroposaurios, seres entre arañas, iguanas y peces pero con figura humana y guiados por un mendigo ojete, mejor conocido como el gran Cerebro (cruza entre marciano y yucateco) y cuyo jefe de guardias presidenciales era un tal Atabar; querían destruir este globalizado, democrata y catolico mundo.Sin embargo gracias al aún indescifrado genoma tenochca, Bartolo y Estelita seducen al asqueroso y marciano ojo del Cerebro y a la iguana Kalia, quien al ritmo de mambo trata de tirarse al impoluto Bartolo, pero éste en acto heroíco vence la tentación zoofilicomarciana. Y gracias al aporte de la vitamina T (tlacoyo, torta y taco) la superior inteligencia tenochca se impone y salva al mundo incluyendo al mismo Tío Gamboín, dejando así intactos los grandes valores sobre los que nuestra sacra y mercantilísta sociedad occidental se desarrolla. Debo decir que escribo estas lineas, producto de la divina inspiración (Sangre de Cristo, cosecha 2003) y sacudido por tan evidente verdad. Este descubrimiento sólo es comparable con el desciframiento o traducción del Evangelio de San Judas. Amigos y amigas, la mitica frase de; "Pepe el Toro es inocente" se puede convertir en un anacronísmo.
Lo de hoy es postular; " La Luna es nuestra y la tierra tambien" (gracias a Bartolo y Estelita que la salvaron del imperilísmo marciano) y "Judas fue buena onda, el ojeis era Chucho" Salud hermanos.

Pd. Que la fuerza les acompañe, y quiza logren uno de los propositos que seguramente formularon para este naciente 2007. Yo me conformo con cargar los peregrinos.